El título resulta de un anagrama entre "amor y", con la palabra "mayor". ¿por qué? nada más, el tema de mi vuelta a este blog es el que siempre me ha movido (aún sin saber por qué): el amor.
Entonces tengo que mencionar la situación en la que caí (y estoy desde) hace algunas semanas y que me ha resultado en el paso y repaso de todas las emociones. No puedo hablar de el amor real (en castellano es fácil confundir enamoramiento con amor), por supuesto que no, sin embargo he estado y estoy saliendo de esta situación del alma que se llama enamoramiento, de esta estupidez de la razón y que resulta inversamente proporcional a la energía anímica. Entre más emocionado está uno, entre más "enamorado"se está: más atolondrado y menos razón tienen sus actos. Poniendolo en primera persona: Entre más emocionado he estado, entre más me he acercado al enamoramiento, más atolondrado y menos razón he visto en mis actos. Y lo peor de esto (o quizá lo mejor): me gusta.
No existe ninguna teoría del amor aunque se hayan escrito muchos libros, cierto es que también se han hecho cientos de estudios científicos; sí, existen secreciones hormonales que nos enganchan al estado físico (no a la persona) y entonces las feromonas, la oxitocina, la dopamina, la serotonina y todo eso que nos calma y nos genera sensaciones en el cuerpo (en ciertas partes del cuerpo) al mismo tiempo se encarga de ponernos en un estado de locura en la que la razón no tiene voz ni presencia. En mi caso este enamoramiento me ha hecho víctima de los siguientes actos: ha potenciado mi creatividad y entonces escribo poemas (pasando por todos los sentimientos: triste, contento, enojado, decepcionado, alegre, valiente, afortunado) o hago regalos que en la vida hubiera imaginado capaz de hacer; me ha hecho sentirme libre, al grado de confiar mi pasado, entregar mi presente y comprometer mi futuro (al menos en potencia) a una persona que apenas conozco, pero en cuya mirada encuentro algo que me hace hundirme más en el estado de enamoramiento. Efectivamente he padecido insomnios, falta de apetito, pero al mismo tiempo me he sentido inmortal, temerario, he entrado en "la cueva del lobo", me he olvidado (no conscientemente) de obligaciones, pero al mismo tiempo me siento más responsable de lo que tengo que hacer; total que en dos meses he hecho tantas cosas que creo en la vida me hubiera imaginado haciendo o deshaciendo. Con decir que he sido capaz de considerar tener un perro y en mi caso eso ya es bastante.
Enamorarse pues, para mí, ha sido una aventura fascinante, un viaje a lo desconocido de lo ya conocido, una situación que también me ha hecho reflexionar mucho sobre mí y sobre mis experiencias. Hoy sé que la mujer de mi vida tiene que bailar conmigo como he bailado con ella, que no necesariamente debe tener unas manos estilizadas como las que he soñado, que no me importan los dedos chatos de los pies, que no hace falta que se ponga un buen perfume para que huela bonito, que me ha gustado mucho el haber tenido la oportunidad de poder descubrir en mi tanto.
Enamorarme me llevó también a pensar en el orgullo y el egoísmo, en descubrir que para que esto se transforme en amor, necesito dejarlo, no pensar en mis sensaciones ni en lo que mi cuerpo ha dicho que siente (sense and felt) sino que, en este caso, debe dejar las cosas sueltas, no puedo cambiar más que mis circunstancias y no debo dejarme llevar ni por las coincidencias ni por las apariencias.
Me he exigido demasiado, me he cansado, pero en el fondo este cansancio me ha fortalecido y me ha dejado más preparado para recibir el amor cuando quiera venir. No hacer presa a nadie de sólo mi sensación, a partir de ahora decidí callar y no exigir. Como se lo dije: hay que seguir andando, cerrar los ojos y volver a esos momentos juntos, simplemente con el ánimo de buscarlos aunque no sea contigo.
Cada vez que me enamoro ha sido diferente, esta última vez ha sido una gozada para mí, puesto que en esa libertad y confianza que yo he tenido: he dicho y he sido yo, me he desarmado totalmente y sin esperar nada, simplemente dejándome ser. En efecto no he podido encontrar una coherencia entre mis sensasiones, mis sentimientos (que jalan ahora para el mismo lado) y es en este caso la razón la que dicta sentencia: repliega tu ejército, esta batalla está resuelta.
No me arrepiento por lo hecho, por lo dicho y por lo dado, ese era yo, completamente entregado. Salté y dejando de lado todos los riesgos, el amor es hoy y no puedo esperarlo. Salté, caí, nadie me atrapó y hoy me levanto, igual de libre y desahogado.
Y no es cosa de orgullo ni de egoísmo ni de querer quedarme con un sueño ni con una ilusión, era cosa de vivir los momentos y de querer hacerlos perpetuos, era cosa de querer repetir las risas, prolongar el tiempo junto a ti, de seguir percibiendo mejor el mundo, de querer compartirlo con alguien así.
Comencé a ser más atento a las flores, a los olores, a los sonidos del mundo. Pero eso lo puedo hacer sin ti.
También cambié de humor, si de por sí sonreía, pero ahora percibí más alegría y quería contagiar a todos de mi estado, eso lo puedo hacer también sin tí.
Mi bienestar general quería compartirlo a todos, decirles: "miren se puede ser así de feliz". Hoy camino ahora más erguido, mis pasos son firmes, miro al frente, tengo energía. Eso lo puedo hacer por gusto, ya sé el camino, y no es cosa más que de proponérmelo. Me lo puedo proponer, lo puedo hacer solo, sin ti, pero solo al fin (de cualquier manera).
El problema que tengo, es que sin que tú fueras el motivo, no hacía falta decirle a mi voluntad: "anda haz esto o aquello", y eso es lo bonito de estar enamorado, que sin proponérmelo, sin forzarme, sin que fuera algo planeado o programado, mi nivel de felicidad se incrementaba y hago y hacía cosas que me hacían o me han hecho mejor persona.... el enamoramiento también te hace ser un poco flojo... un flojo gustoso.
PS. Habrá que poner más orden a esto, además hay mucho por decir todavía. No sólo de mi lado (quisiera que no fuera sólo de mi lado, pero me cansé de los mensajes, de las miradas y de interpretar, yo sólo quiero estar con ella, escucharla)
lunes, 19 de mayo de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
Vacío
Esta semana ha sido vivida de modo diferente.
En una de mis materias de mi maestría tuve la oportunidad de conocerme más (curiosamente la materia se llama "conocimiento personal" -mal chiste-)
A partir de escucharme en el otro, me ví.
Decidí pues no repetirme, no por lo que se dijo, sino por lo que he vivido.
Ayer pues, desperté temprano a los fantasmas, les tenía listas sus maletas, hoy muchos no sé que tan lejos estarán, algunos siguen todavía llamando a la puerta.
En las batallas del alma las heridas no dejan cicatrices.
Cuento.
El mito de Ulises en la Odisea dice que éste pidió ser atado al mástil de su barco y que se cubrieran con cera sus orejas, prefirió ese sufrimiento con tal de no escuchar el órfico canto. Lo que no dice la leyenda y es la verdad: es que las sirenas nunca cantaron, supieron con anticipación de la estrategia del héroe y fieles a su fama decidieron seducir al titán mediante un letrero, una pancarta, por fortuna y a pesar de haberle abierto los ojos, Ulises no sabía leer.
En una de mis materias de mi maestría tuve la oportunidad de conocerme más (curiosamente la materia se llama "conocimiento personal" -mal chiste-)
A partir de escucharme en el otro, me ví.
Decidí pues no repetirme, no por lo que se dijo, sino por lo que he vivido.
Ayer pues, desperté temprano a los fantasmas, les tenía listas sus maletas, hoy muchos no sé que tan lejos estarán, algunos siguen todavía llamando a la puerta.
En las batallas del alma las heridas no dejan cicatrices.
Cuento.
El mito de Ulises en la Odisea dice que éste pidió ser atado al mástil de su barco y que se cubrieran con cera sus orejas, prefirió ese sufrimiento con tal de no escuchar el órfico canto. Lo que no dice la leyenda y es la verdad: es que las sirenas nunca cantaron, supieron con anticipación de la estrategia del héroe y fieles a su fama decidieron seducir al titán mediante un letrero, una pancarta, por fortuna y a pesar de haberle abierto los ojos, Ulises no sabía leer.
jueves, 27 de marzo de 2014
No tiene titulo
Son pocos
los que son honestos y más con
sus sentimientos:
entonces,
cuando están tristes, dicen: “estoy cansado”Y si los llama la ira: “sólo estoy enfadado”
Confunden amor con encanto;
Y si se los lleva el carajo:
“no tengo nada, estoy agobiado”
se preocupan por envidia y se enojan en los altos.
Y cuando están tranquilos,
piensan que es felicidad.
No se ríen de lo gracioso,
pero sí por quedar bien,
Es raro ver que alguien diga: “hoy tengo mucha energía”
y más raro todavía: “Me siento con mucha vida”
Confunden odio con enojo,
y dan golpes a lo loco,
para luego a cucharadas:
comerse del plato el llanto.
Se cierran a la tristeza, creyendo que es fortaleza.
Y en relación con el otro, lo mejor es cuidar el trato.
Total que no digo nada y que me lleve la chingada…
Muerte y poesía vínculo indisoluble de dos realidades netamente humanas.
La muerte es
una quimera: porque mientras yo existo,
no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Epicuro
no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Epicuro
Schopenhauer
afirmaba, y tal vez no haya sido el único, que sin la muerte no se habría filosofado. Y es que es la muerte una de
las realidades más complejas y más discutidas de la vida humana. El “más allá”,
la trascendencia, el fin del hombre, son, han sido y serán cuestiones que desde
que el hombre es consciente de su realidad, se ha preguntado. La búsqueda de
esa respuesta a la realidad de la muerte está vinculada al sentido de lo
humano.
Lo
que todas las culturas han interpretado acerca de la muerte y todos los ritos y
simbolismos asociados a ella nos pueden dar una idea de la relevancia que tiene
para el hombre. En México se celebra el día de los muertos el 2 de
noviembre, fecha en la que nos reímos de aquello que usualmente causa tristeza.
¿Por qué nos duele la muerte? La ausencia, la falta de un cierre apropiado a
una relación familiar, amorosa o de amistad, o simplemente la falta de
entendimiento a un hecho tan natural como el fin de la vida, nos lleva a todos
a sufrir (padecer) la muerte sin ser nosotros necesariamente los sujetos de su
acción.
Morir,
para el cristiano, representa vida en la resurrección. Para el agnóstico, en
cambio, no representa nada, es simplemente el término de la utilidad de las
partes del cuerpo, la completa degeneración de un organismo. Sin embargo en
ambos casos afecta y engendrará un sentimiento asociado con el dolor.
Y es precisamente por la fuerza de ese sentimiento,
que resulta que también la muerte es uno de los tópicos más recurrentes en la
literatura, y más concretamente en la poesía. Escribir de la muerte resulta
pues para un autor, tratar uno de los aspectos más humanos: su transitoriedad;
la muerte al volverse portadora del dolor, del final, genera un sentimiento tan
fuerte que encuentra en las palabras un alivio, una descarga de ese mismo
dolor.
El refrán es sabio: “la pena compartida, es media
pena” y quizá es por eso que también en su búsqueda de liberarse del dolor, que
los escritores dan un valor muy grande al sentimiento generado por la muerte.
Me atrevería a afirmar que no hay poeta o autor que no haya dedicado un verso o
una línea, un aforismo a la muerte, al dolor generado por ella o a la
trascendencia a la que también está vinculada. Amado Nervo nos da una muestra
de lo que la muerte representaba para él en su poema EN PAZ.
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Una
celebración y homenaje a la vida, una representación de que también estamos
aquí con un propósito, y es tal vez por eso que la muerte genera tantas
incógnitas y resulta ser el tópico más dialogado, más discutido, más referido.
La muerte nos remite, pues, al plan de vida del ser humano, tanto del individuo
como de la humanidad en general. De ahí la riqueza de temas que puede generar
escribir sobre la muerte. Se escribe sobre la realidad de la vida humana, de su
trascendencia, de su propósito. Hacerlo, pues, da al autor la oportunidad de
referirse no sólo a un sentimiento fuerte sino que le permite tratar de la
humanidad y su confrontación con su lugar en términos espacio-temporales.
La filosofía, la religión, la política, el juego han
tratado, como la literatura, el tema de la muerte, que es el tema de la vida.
Si no has pensado en morirte, no has pensado en ser humano, no has pensado en
vivir. Busca en la muerte tu respuesta, busca en la muerte tu vida. Busca en la
muerte tu trascendencia. Vincular la muerte con la armonía de las palabras en
una poesía, es (o puede ser) a final de cuentas una manera de permanecer en la
trascendencia y permanencia de las letras.
viernes, 21 de marzo de 2014
Mujeres
"Walter Benjamin escribió en alguna parte que cuando una gitana nos lee la mano, lo que nos interesa no es lo que dice de nuestro pasado, ni el futuro que presuntamente nos devela; no, lo que realmente nos interesa es la historia que nos cuenta, porque esa vida pudo haber sido la nuestra pero no lo fue. Yo tengo la teoría de que las mujeres con las que uno se topa en la vida son todas las vidas posibles que nos tocó vivir o que nos pudo haber tocado vivir. Cada mujer que se cruza, o nos cruza, es un universo o una galaxia. Pero lo extraordinario no es eso. Lo extraordinario es que entre todas las mujeres que se cruzan en la vida de un hombre hay algunos afortunados, no son muchos, que se topan con esa única mujer, la que todo lo cambia y lo trastorna, la que hace que nada vuelva a ser igual que antes. La que ha estado allí desde siempre y nunca nos dejará aunque se vaya. No hay una razón ni un motivo evidente para que así sea, pero así es. Esos encuentros milagrosos son los que se convierten en historias de amor. Conocemos algunas historias, pero desconocemos más. Quien ha pisado ese continente y abrevado en esas aguas sabe de ese milagro que se convierte en el cielo y también en el infierno los dioses del amor y la pasión no tocan a nadie impunemente. Así quien haya sido bendecido y maldecido con esa gracia debe agradecer de rodillas e implorar una sola cosa: tener la fuerza para pelear y mantener esa llama ardiendo hasta que la vida de uno u otro se extinga primero. Lucía es para mi esa mujer."
La victoria, Jaime Sánchez Susarrey, (2006) Planeta, México.
Remplace el nombre de Lucía por cualquier nombre que le sea benéfico para su catarsis, revelación o ilusión corriente... luego haga lo que tenga que hacer para ser feliz.
La victoria, Jaime Sánchez Susarrey, (2006) Planeta, México.
Remplace el nombre de Lucía por cualquier nombre que le sea benéfico para su catarsis, revelación o ilusión corriente... luego haga lo que tenga que hacer para ser feliz.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Necesidad de escribir
De pronto te vuelven las ganas, el alma regresa al cuerpo, es cierto: quieres volver a escribir.
Cuando hay tanto que decir, no puede uno quedarse callado, entonces: escribe.
Cuando de pronto parece que nadie escucha: escribe.
La soledad no existe si tienes un diario.
Contar las cosas es una capacidad humana. Alguna vez en alguna clase de filosofía recuerdo esa distinción: actos del hombre y actos humanos, haciendo referencia a que los actos humanos no son consecuencia natural (o algo así)
No quiero repetirme ni cansarme señalando que, en efecto, la comunicación escrita nos hace mejores que otros animales, pero sí es cierto.
Lo único que quiero es no quedarme con las ganas de escribir.
Estoy haciendo otro blog, pero no por eso soy infiel, simplemente quiero dejar la poesía en otro lado.
Cuando hay tanto que decir, no puede uno quedarse callado, entonces: escribe.
Cuando de pronto parece que nadie escucha: escribe.
La soledad no existe si tienes un diario.
Contar las cosas es una capacidad humana. Alguna vez en alguna clase de filosofía recuerdo esa distinción: actos del hombre y actos humanos, haciendo referencia a que los actos humanos no son consecuencia natural (o algo así)
No quiero repetirme ni cansarme señalando que, en efecto, la comunicación escrita nos hace mejores que otros animales, pero sí es cierto.
Lo único que quiero es no quedarme con las ganas de escribir.
Estoy haciendo otro blog, pero no por eso soy infiel, simplemente quiero dejar la poesía en otro lado.
martes, 22 de octubre de 2013
Sí, también
somos humanos.
Siempre he creído que, como seres
humanos, nos distinguimos de los animales por nuestra capacidad creadora. Las
flores no deciden oler rico, ni verse bellas; el pavo real macho no puede
sujetar a su voluntad el color de sus plumas; el ruiseñor canta porque está en
su naturaleza. Todos los animales generan belleza simplemente porque lo tienen
que hacer, su carga genética los obliga, su instinto los guía y ellos
simplemente se dejan llevar. El hombre, en cambio, aun siendo animal, posee la
capacidad creadora, algo que le lleva más allá de lo que está, por naturaleza,
obligado a hacer. Y es por ello que ha sido capaz de fabricar herramientas,
cambiar el entorno, generar cosas nuevas, en una palabra: Crear.
La capacidad creadora del hombre,
nos habla entonces de una cierta superioridad con respecto a los demás seres
vivos. Somos, por decirlo de alguna manera, sobrenaturales en ese sentido. La
música, la generación de un alfabeto y de un lenguaje con reglas, la capacidad
artística que nos lleva a modificar el entorno, son las muestras fehacientes de
que en efecto, tenemos algo superior a nuestros compañeros de planeta: una
capacidad creadora.
Sirva
este preámbulo entonces, para entender el contexto de la creación literaria en
específico. Generar una historia escrita, es contemplar la realidad para
mostrarla en otro marco de referencia, es inventar un mundo posible, a partir
de lo que conocemos; un cuento, una historia breve, representa un sueño, vivido
o no, una historia real o no, pero que escrita con las palabras adecuadas nos
lleva, como lectores, a ver las cosas desde otra perspectiva. Una historia,
cualquier historia, bien contada, nos permite llegar a lugares desconocidos, atemporales, para que nuestra imaginación nos permita
colocarnos ahí como un testigo más.
Escribir es para muchos el escape de
la realidad; escribir, para alguien en un entorno laboral como el nuestro, es
también buscar mostrar a los otros esa parte de humanidad, la capacidad
creadora, que todos tenemos; escribir se vuelve una manifestación de la
innovación, es un permitirnos hacer algo nuevo con algo existente, ver y
describir las cosas como a través del caleidoscopio, en el que apenas girarlo
un poco enseña una figura distinta, con los mismos colores que la anterior.
Escribir es, para un escritor que no lo es por oficio, una incitación para
seguir mostrándonos como humanos, un acto que nos lleva a seguir buscando
resaltar esa parte sobrenatural que todos tenemos y que, por la razón que sea,
hemos dejado de utilizar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
