Tengo algunos días (dos) que no puedo dormir por las noches. El lunes, quizá por el calor, el martes tal vez por la lluvia. En ambos casos me queda la impresión de que algo me preocupa.
El vivir en el hoy, aquí y ahora, debería facilitar las cosas, sin embargo parece que en mi caso no es así.
Hace un mes todavía podía presumir que dormía como bebé, sólo poner la cabeza en la cama y de inmediato era dormir, y seguirme así de largo, con 6 horas me bastaba y descansaba muy bien, lo suficiente.
Desde que he tratado de arreglar mi vida, parece que más bien la he descompuesto. Y en ese punto atribuyo pues mi insomnio.
Este es el costo que tiene uno que pagar por la tranquilidad inmediata que es lo que vale.
Hoy estoy cansado, no haré ejercicio y espero honestamente que mi cuerpo decida desconectarse un rato, el necesario, el que requiere para volver a ser lo que era antes.
Veremos.
Notas:
Ayer abanderaron al a selección mexicana que irá al mundial de Brasil.
Hoy murió una escritora y activista americana, Maya Angelou, es curioso cómo no me entero de quién es una persona sino hasta que se muere.
El país se hunde. El metro del DF hace aguas. Marcelo reapareció.
No resulta fácil escribir en la tristeza y desde ella. Es un sentimiento que resulta de un imprevisto o como resultado contrario a algo que esperábamos sucediera de algún modo.
La tristeza luego está en el pasado y en el futuro, pocas veces ahora, hoy me duele que no te tenga o que no exista la posibilidad de vivirte de nuevo. Me duele haberte conocido como te conocí y no tener certeza de que te seguiré conociendo. Me pone triste la ausencia de lo que creí.
¿Qué nos dice estar tristes? ¿en qué nos favorece? ¿es válido estar tristes? ¿la tristeza es un estado, un modo de comportarse? ¿soy o estoy triste? ¿tristeo? ¿hay un verbo que exprese este sentimiento?
Si quisiéramos conjugarlo resulta más bien como un adjetivo que va con el estar: estoy triste. Muy distinto a decir: soy triste. ¿lo soy? no tengo ganas ni de estarlo ni de serlo.
¿Cómo vives tu tristeza?
¿Es compatible la tristeza con un estado de paz? Hoy puedo decir que me siento triste, no que lo esté. Pero si tengo paz. A ratos me viene una alegría, entonces me río. Pero si entra mi recuerdo y mi cabeza y mis pensamientos y mis anhelos, me pongo triste, igual también por un rato. Me lo permito. Entonces me viene el hueco en el pecho, el dolor de manos, las ganas de llorar, la quijada apretada y esas ganas de hacerme chiquito y desaparecer. Me cierro. Me encojo y en esas vueltas a uno mismo: me encuentro.
Veo mis razones del hoy por qué estar triste y percibo la intensidad de la tristeza correspondiente a la intensidad de mis gozos pasados, y de las ganas que tenía de hacer tantas cosas. En compartir la alegría y de bailar, jugar o simplemente estar acompañado; en la medida que eso era un gusto, en la misma medida la tristeza me duele. Se vale, me dejo porque sólo así me curo.
¿Cómo aprende uno a estar triste? ¿Cómo se sale uno de ahí? No puedo quedarme sentado a verla, ni a platicar con ella, le dejo que me cuente de nuevo como era mi alegría, mi gozo, mi libertad y le pido que me fortalezca para seguirla buscando en otro lado.
Te lo cuento y ya no me duele tanto. Lo escribo, pero no puedo racionalizarlo, esto es como el amor, como cualquier sentimiento: hay que dejarlo.
Hace rato leí "La tristeza" de Antón Chéjov: la nota es esa, no estar solo, no sentirse solo. Hoy en mi tristeza me acompañan, tú no puedes acompañarme, tú eres parte de mi tristeza, tú has sido mi gozo y hoy eres su ausencia.
El propósito original de este blog fue el de tener un foro para expresar una visión personal de muchas cosas que ocurren y de poder expresar también mis ideas en lo político, social, económico o pensamiento en general. Tiene algún tiempo que también lo he venido utilizando como un foro de expresión de mis sentimientos también, y puede ser que hasta alguna cosa inapropiada haya puesto.
Pues bien, eso soy yo, la persona apasionada que de pronto escribe sin parar y luego queda callada mucho tiempo porque no tiene que decir.
Últimamente he estado triste, veré en estos días qué hago para ponerle remedio.
Espero que no haya algún inconveniente si sigo escribiendo como soy...
Para enseñar a leer y conocer las sílabas existe el silabario.
¿Cuál es su equivalente para enseñar a vivir? ¿para aprender a amar? Parece que no lo hay, la vida se trata de aprender sobre la marcha, de caerse para levantarse, de irse conociendo conforme pasan los días, las semanas y los meses.
Llevo una semana aprendiendo más de mi a partir de una experiencia tan nueva como vieja en mi.
Hace rato pensaba que no terminé nada, simplemente no fui muy claro en un mensaje. Sin embargo mis acciones pueden haber detonado una determinación que no quería. Si las cosas terminaron bien, de todos modos lo que hice era lo mejor.
Ojalá un día pudiera entenderme.
Para aprender a vivir, no queda de otra más que hacerlo.
Uno de los problemas más grandes de la humanidad viene de la falta de claridad en la comunicación, en la interpretación de los hechos y de las circunstancias se pierde mucho. Si a la ya de por sí deteroriada situación que genera la propia imaginación, le sumamos los medios que supuestamente están hechos para "facilitar" la comunicación (SMS, Whatssapp, Facebook, Twitter, youtube, etc.) tenemos entonces un menjurje que lo que menos permite es tener una comunicación ya si no clara, cierta.
¿Quién no ha escrito (posteado) una imagen, un video, una frase pensando: "Esto lo leerá fulanito y cómo quisiera ver su cara en ese momento"? Sin más, el otro día en twitter me encontré una cuenta que se llama @FrasesdeNovios y cuya publicidad dice claramente (en eso si quieren ser claros): "Mándale las indirectas que te harán conquistarla". ¿En serio? ¿Es mandar indirectas una manera de conquistar y de aproximarse al alma de una mujer? Parece que en estos tiempos modernos sí. Desde mi perspectiva romántica y tal vez anacrónica, la única manera de conocer a alguien (antecedente inevitable para amar) es el trato, la cotidianeidad, la conversación espontánea, el contacto al menos visual y el tener la oportunidad de apreciar al otro con todos los sentidos posibles. El cortejo es pues un asunto cara a cara. Si bien es cierto hay un modo "virtual" de conocer a las personas (la correspondencia, la expresión escrita) y conozco casos de gente que se ha "enamorado a distancia" el trato es primordial para que realmente pueda surgir una relación firme y sostenible a futuro. Sin embargo, el ser humano, tal vez en aras de paliar la carencia de valor y de "vencer" (de algún modo) su temor a confrontar a las personas y a la realidad, prefiere ir sóltandose y aliviar su conciencia, mandando esas señales ocultas, esos mensajes subliminales, con la confianza de que al menos para él, ya "dijo" lo que sentía o inclusive da una cara que quiere mostrar.
¿Eres alguien o aparentas ser alguien?
En los perfiles de redes sociales uno pone lo que quiere que el otro vea. Vaya creo que hasta las descripciones en los mismos perfiles muestran el ideal de persona que queremos ser (si quiero ser culto, guapo, atlético, formal, responsable, etc. ¿qué me impide mostrarme así?) ¿Y en la realidad?
¿Qué dices de ti?
Muchas veces la gente no se conoce, entonces es muy fácil decir algo aunque no esté uno convencido de eso. "Total, no me ven".
¿Te atreverías a decir de frente aquello que has escrito en una conversación de un chat?
Tengo varias experiencias a este respecto, sólo mencionaré dos . Alguna vez, cuando recién empezaba a usarse el "messenger" de hotmail tuve una conversación con una amiga con la que ya llevaba "chateando" cierto tiempo, realmente nos habiamos visto dos o tres veces, ella me soltó de pronto un: "Me gustas" y yo fui capaz de responderle en el mismo chat: "Tú a mi no"; sí, la regué, tuve el mismo tacto que tiene una piedra y aprendí mi lección; lo que sucedió es que para mi aquella frase había sido como un "hace calor", "está nublado", algo trivial, sin sentido y mi respuesta fue igual de trivial y directa como la pregunta. Yo me he cuestionado si mi respuesta hubiera sido la misma si aquella declaración suya hubiera sido de frente. Para empezar ¿la habría dicho de frente?. En cambio el estar detrás de un teclado y un monitor (ahora, detrás de un smarthphone) nos permite muchas veces ser un poco más arriesgados para hacer y decir.
Otra anécdota: conocí a una mujer española en un juego de destreza online, a las pocas sesiones de trato intercambiamos nuestros números de whatssapp y comenzamos a conversar fuera del juego, de hecho llegó a ocurrir que nos pasábamos más tiempo chateando que jugando. No niego que llegué a emocionarme con ella y que nuestras conversaciones electrónicas tenian cierta carga de afecto, no puedo decir que nos hayamos enganchado, pero pues hasta poemas y frases de cariño nos estuvimos diciendo. Hasta que llegó la madurez ¿realmente estábamos conociéndonos? o es que ambos encontramos una vía para canalizar los sentimientos propios (que esos siempre están). La relación virtual terminó sin pena ni gloria, yo con el aprendizaje de que hay que tener cuidado con lo que uno dice, y más si es por escrito.
Hay un peligro oculto en los medios que hoy nos facilitan la comunicación, el que lleguemos a pensar que una palabra dicha ahi, una frase, una imagen, traiga una carga emocional distinta a aquella que quien la escribió quiso darle. Por eso pienso que no hay otro modo de conocer a alguien, de hacer amigos, de literalmente relacionarse, que el trato personal (invitaciones a salir, comer juntos, con-vivir)
Ayer vi la película de "Cyrano de Bergerac" de 1950. Una historia muchas veces contada y muchas veces referida, pero que me parece pocos conocen completamente (yo por ejemplo desconocía el final). Y que no es más que una historia completamente romántica en la que el amor noble y honorable está sobre todas las cosas (inclusive sobre la honra personal) y que vale la pena sacrificarse precisamente en aras de ese amor puro. Lo que todos saben: el feo, Cyrano, (el narigón, menospreciado) ama a la doncella guapa e inteligente, Roxana, pero se siente indigno de merecerla; el amigo (el guapo y gallardo Christian) no tiene la mínima inteligencia; entonces el feo presta sus palabras y sus ideas (total, es poeta) y ambos (en equipo) la enamoran. El día de hoy ¿cuántos Cyranos y Christians no habrá? vaya no se necesita que exista un Cyrano real, google nos acerca a la poesía que otros ya han hecho. Pero luego, a la hora de presentarse, de verse, de olerse, sentirse, de enfrentar la realidad... se acaba el amor... o puede que realmente empiece...
Si realmente queremos tratar a alguien: seamos honestos, hablemos, veámoslo, comamos juntos, salgamos de paseo, llamémosle por teléfono. Mensajes, posts, videos, canciones dedicadas "sin dedicatoria" no sirven.
Para terminar aqui dejo estos dos videos (por cierto nada de lo escrito ni expuesto es indirecta):
Todos estamos determinados por el hecho de que hemos nacido humanos y, en consecuencia, por la tarea interminable de tener que elegir constantemente, tenemos que elegir los medios juntamente con los fines. No debemos confiar en que nadie nos salve, sino conocer bien el hecho de que las elecciones erróneas nos hacen incapaces de salvarnos.
Erich Fromm, El corazón del hombre.
Dicen que el dilema de Hamlet era ser o no ser, ahora que me autoimpuse esta tarea (escribir sobre la toma de decisiones), que elegí pues escribir sobre este tema, descubro que no sé nada y que es de lo que más se ha escrito: las elecciones. En el fondo, éstas, se reducen al ejercicio de la libertad que, a su vez, es el acto humano por definición, elijo en tanto soy libre y así refuerzo mi humanidad: ejerciendo mi libertad. Luego de esta nota tengo mucha tarea, mucho estudio y mucho qué leer, hace tiempo compré "El valor de elegir" de Fernando Savater, a eso debo añadir "Ética a Nicómaco" de Aristóteles, "El corazón del hombre" de Fromm y más de alguno de los diálogos de Platón (El Banquete, la República, Lisis y el Menón) y por puro gusto "La divina comedia" de Dante. Luego de esta decisión me veo reducido a nada, me parece que pretendo con mi ensayo de ensayo mostrar sólo de dónde parto hoy para luego exponer más concientemente este tema. Amen de eso, pues expondré mi punto de vista (que sólo es eso).
En términos generales, los vericuetos de la vida cotidiana nos enfrentan a elegir todo el tiempo: levantarse a cierta hora, ya habiendo sonado el despertador: apagarlo y salir de la cama; apagarlo y seguir durmiendo; oprimir el "snooze" y permanecer 10 minutos más; apagarlo, seguir despierto y acostado y esperar a que le den ganas a uno de salir de cama; etc, etc, tantos escenarios como razones para estar o no en un sitio. Además un acto tan simple como el levantarse viene al mismo tiempo determinado por acciones (decisiones en algunos casos) anteriores: si estoy casado, si soy estudiante, si tengo trabajo, si no lo tengo, si son vacaciones, si estoy enfermo. Y también determinado por factores culturales y de hábitos adquiridos: si es la siesta, si estoy en casa, si soy responsable, si no lo soy, etc. Total que si uno quiere analizar tan sólo el hecho de decidir salir o no de la cama una mañana, puede uno hacer una tésis (o dos) y quedarse de todos modos corto en términos de agotar el tema.
Como quiera que sea, lo que ahora quiero exponer es sólo a partir de mis experiencias, el cómo durante mi vida me he dado cuenta que las decisiones más dificiles no vienen de tener una amplia gama de elementos a elegir todos buenos, bonitos y virtuosos, sino a partir de que el elegir tiene de forma intrínseca el desvincularse de algo, si elijo despertarme y levantarme a las 6 de la mañana estoy dejando la seguridad y el calor de mi cama y mucho tiempo más para seguir durmiendo; si elijo caminar al trabajo, dejo la oportunidad de usar mi carro o tomar un camión; si elijo huevo en vez de mollete o cereal, ..., si tomo la escalera dejo el elevador.... cada elección que hacemos implica (en mayor o menor consciencia) dejar de lado algo más cuyo valor, puede o no, ser igual al de nuestra elección. La mayoría de las veces resulta que el elegir resulta muy simple y ni siquiera pensamos en aquello que dejamos de lado por decidirnos por algo, de hecho en la mayoría de los casos son tantos y tan buenos los elementos que se presentan a la voluntad para que tomemos la decisión que casi es en automático que tomamos lo bueno sin percibir si quiera que estamos dejando otras opciones. Pero ¿qué pasa cuando se trata de elegir entre dos bienes con valor similar y cuyo beneficio a futuro resulta incierto? ¿qué si le agregamos que uno de esos bienes ya lo tenemos y lo que involucra la decisión es dejar ese bien para optar por el nuevo? Pongamos un ejemplo claro: tengo carro, modelo reciente, lo conozco, sé cuánto gasta, sé que le falla, hasta me he acostumbrado ya a cómo huele y puedo decir que me siento cómodo en su asiento. Pero de pronto hay uno nuevo en el mercado, de hecho es la misma marca, eliminando las variables del dinero y suponiendo que cuento con lo suficiente para cambiarlo, ¿qué determina hacerlo o no? ¿Me he encariñado y acostumbrado tanto al carro que hoy me pertenece que prefiero quedarme con él? o ¿me da igual tener este carro o el anterior? o no hay dificultad alguna que me determine y diga: este es nuevo, ergo es mejor y opto por él. Pero lo mismo puede ser para elegir un trabajo teniendo que dejar otro, el que dominamos, el que conocemos, el que nos da una seguridad.
Toda elección implica un riesgo, uno grande: el de equivocarnos; esto también añade una dificultad a la elección: el mismo temor al error. El de pensar: valdrá la pena dejar lo que tengo, lo que conozco, por aquello que de alguna manera me resulta muy atractivo hoy (tanto como para cuestionarme si es mejor que lo que tengo) pero que no me da la misma seguridad y sobre todo existe el riesgo que más adelante pierda lo que elija (ya habiendo dejado "mi zona de confort", "mi cueva segura"), se rompa, se descomponga o no resulte en lo que pensé de eso y me llevó a tener la idea que era mejor y que por eso dejé mi otro bien. Me pasaría como el perro y el pedazo de carne: aquél que llevando un trozo de carne en su hocico y al pasar por un río, vio su reflejo y entonces se le antojó más el pedazo que llevaba el otro perro... al pretender cogerlo, se quedó sin el suyo y no pudo tomar el otro. Por ambición perdió lo que tenía y lo que creyó (un reflejo) era mejor para él. Puedo rescatar no sólo una moraleja sino al menos dos: cuando uno elige entre dos bienes similares, no debe hacerlo por ambición, sino por convicción de que efectivamente el bien por el que se opta es el mejor de entre los dos, y para eso no debe uno basarse en reflejos sino en lo que es y lo que hay y en lo que objetivamente me puede decir las bondades y virtudes de cada uno de ellos. El perro no puede abarcar ambos pedazos de carne, el hocico no le da, no hay otra opción más que elegir; y esto pasa en todos los casos, no puedo quedarme viendo el otro trozo de carne, quererlo y al mismo tiempo no soltar, si verdaderamente alguno me resulta el más apetecible, el mejor, debo dejar uno de los dos. Habría una tercera moraleja, y tal vez pida licencia a Esopo para modificar su historia y ponerla en el otro blog: el no elegir, que en el fondo sigue siendo una elección, elijo no meterme a la bronca de elegir y sigo mi camino con lo que tengo.
En mi caso particular, tengo el valor de confesar, que más de una vez he dejado a las circunstancias del momento el determinar o no la toma de decisiones personales y opté por esa facilidad sin llevar a examen de conciencia la toma de decisión; siendo así que mi carrera fue elegida porque: tenía beca, conocía ya a algunos de los que serían mis compañeros, había materias que llenaban mucho del espectro de lo que me gustaba y quería hacer; era una universidad de prestigio; pero en el fondo no era mi sueño de ejercicio profesional. Elegí lo fácil, lo seguro, lo más a la mano, lo que ya tenía. No me arrepiento y tampoco pienso en el "¿qué habría pasado?" mi carrera me dio más que estudios y conocimiento, me dejó gratas experiencias de vida y muchos de mis mejores amigos hoy, pero efectivamente no la elegí (¿me habrá ella elegido a mí...?) y sin embargo puedo decir que a partir de ser consciente y aceptar esa elección y cómo se dio; hoy tengo más valor para ejercer mi voluntad, de arriesgarme, de ser más humano, más libre y más consciente de mis actos. Si algo también aprendí siendo peregrino, fue a tener el valor a tomar un camino incierto, con todo y que eso implique el tener que equivocarse... desandar el camino y retomar por el correcto, eso también es bello, te permite ver nuevos paisajes, conocer gente distinta y tal vez, sólo tal vez, tener la oportunidad de disfrutar más el camino correcto, precisamente porque es el correcto y tienes certeza de saberlo por conocer el equivocado.
Si el día de hoy has elegido leer, elegiste perder 5 minutos en este texto en vez de escuchar alguna canción, fumar un cigarro o leer otra cosa, te agradezco pues y espero te sirva. Por mi parte me comprometo a leer lo que dije arriba y también "Memorias del subsuelo" de Dostoyevski. Sonríe que yo lo hago.
Hago una enmienda (edición) este día (2 de junio 2014) Este video tiene mucho que ver con mi texto.